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Los ictyosaurios eran grandes reptiles marinos que vivían junto a los dinosaurios durante la mayor parte de la era mesozoica. blickwinkel / Alamy

Fósil revela nuevos detalles sobre los ictiosaurios, un reptil marino parecido al delfín

06-12-2018

Reptiles prehistóricos de sangre caliente.

Por: Luis Moctezuma


Los dinosaurios siempre han despertado nuestra imaginación y los que vivieron en el mar no son la excepción. Los ictiosaurios fueron seres con un aspecto similar a algunos mamíferos marinos de la actualidad. Para un observador que preste poca atención a los detalles parecerían delfines o ballenas dentadas en versión dinosaurio, pero un nuevo estudio publicado por la revista Nature muestra que habría algunas similitudes, además de la forma.

Un reptil marino con sangre caliente

La idea general que existe sobre los dinosaurios es que se trataba de reptiles de sangre fría que dominaron el planeta hace millones de años. Los estudios recientes sobre distintas especies nos han destacado que dichos reptiles tenían muchas formas que van más allá de lo que observamos actualmente. Mientras que en los dinosaurios terrestres hemos comenzado a agregar plumas a nuestra imagen de referencia, para los marinos tendremos que incluir sangre caliente.

El estudio se realizó a partir de un fósil de aproximadamente 180 millones de años. Su origen es la cantera de Holzmaden en Alemania. El primer autor del artículo, Johan Lingren, del departamento de Geología de la Universidad de Lindgren, resaltó ante los medios lo bien conservado que se encontraba el espécimen de “Stenopterygius”, una especie de ictiosaurio que vivió en el Jurásico temprano y medio en Europa. Incluso era posible observar capas celulares dentro de su piel.

Entre los restos de este ictiosaurio había material similar a la grasa de los vertebrados actuales. La similitud química hace pensar que había una capa de grasa que cubría el cuerpo de estos seres prehistóricos. Esto llevaría a que su cuerpo mantenía una temperatura regulada como las de los cetáceos o cualquier otro mamífero, es decir que tenía sangre caliente.

Otro detalle revelador es la pigmentación de su piel. Se cree que, al igual que las ballenas actuales, usaban el color de su piel para evadir a posibles depredadores, tanto los que pudieran atacar desde la superficie como los que poblaban las profundidades del mar. Además, no contaban con escamas, un detalle que las asemeja a tortugas actuales como las baulas.

No se puede hablar de una relación con los cetáceos actuales. Aún cuando se descubrieron similitudes en la forma en que sus cuerpos funcionaban, no están emparentados. También se les reconoce rasgos en común con las tortugas, aunque quedan muchos huecos por rellenar en este asunto. Además, su forma de nacer también los vuelve seres peculiares.

Los registros fósiles indican que efectivamente daban a luz. Uno de los eventos más populares en nuestro país es la visita de las ballenas para el nacimiento de sus crías; como buenos mamíferos se desarrollan dentro de sus madres hasta que están listos para el contacto con el mundo exterior. Con los reptiles pasa algo muy diferente, ya que crecen en huevos. Aunque el ictiosaurio era un reptil hay indicios de que su nacimiento era directamente de la madre.

¿Cómo resolver un enigma prehistórico?

El estudio sobre el ictiosaurio requirió de distintos tipos de análisis. En el análisis se recurrió a espectrometría de masas de iones secundarios de tiempo de vuelo y a nanoescala. Junto con esto hubo análisis de cromatografía de gases de pirólisis y espectrometría de masas. No sólo se investigó los pigmentos del fósil, también se recurrió a análisis inmunohistológico, para comprender mejor la reacción de anticuerpos ante diferentes proteínas que existen actualmente.

Después de un recorrido por diferentes aspectos del fósil de ictiosaurio tenemos algunos nuevos datos. No se trató únicamente de un dinosaurio que se veía como algunos animales actuales, además compartía algunas características sin una relación directa. Según parece las condiciones de vida jurásicas ya obligaban a algunos mecanismos de supervivencia como los conocemos hoy. Aún con los cambios en el clima y las especies dominantes, tener una capa de grasa bajo el océano sigue siendo útil.


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