NASA via Reuters

El hielo marino más espeso y antiguo del artico ha comenzado a romperse

24-08-2018

El Polo norte se queda sin hielo.

El cambio climático ha sido mucho más rápido de lo que se esperaba en estos últimos años. Este año el ártico se ha visto libre de hielo en zonas que habitualmente están congeladas. Según las proyecciones científicas, estos resultados se esperaban para después de 2100, sin embargo, ya están aquí.

Menos hielo en distintas zonas

Al norte de Groenlandia se encuentra una región que se consideraba la última que conservaría hielo en el polo norte. Ahora la situación es distinta. La capa de hielo es muy delgada y quebradiza. Los bloques de hielo que se esperaba jamás abandonaran el área se están desplazando y se culpa de esto a los vientos inusualmente cálidos.

            Ahora la “última zona de hielo” no es la que se preveía desde hace años y habrá que desplazarla. Este fenómeno es algo que se puede observar en otros terrenos como Siberia o Alaska. La presencia de hielo no se ha notado este año. El momento en que esto comenzó a ser evidente y alarmante fue en el mes de febrero.

            Los monitoreos del hielo polar no habían mostrado un desplazamiento de tales dimensiones desde que comenzaron en la década de los 70. El hielo del norte de Groenlandia se aleja de sus costas más allá de lo imaginable. Además, el volumen de hielo este año se ha reducido rápidamente; en abril de 1979, año en que comenzaron las mediciones, había más de 30 mil km3 de hielo, para agosto de 2018 esta cifra se ha reducido a menos de 10 mil km3.

            Es normal que haya movimientos en la cantidad de hielo. Inclusive en un mismo año el volumen varía considerablemente; no obstante, el promedio es cada vez más bajo. En sus puntos más altos, hace 4 décadas, el hielo alcanzaba más de 30 mil km3 en abril y poco menos de 20 mil en su punto más bajo durante septiembre. Para este año el punto más alto fue de casi 20 mil km3 y se espera un mínimo inferior a 5 mil.

Los huéspedes subterráneos del ártico

Además del aumento en los niveles de agua del planeta hay otro factor de riesgo en el deshielo. Debajo de todo ese hielo hay una capa permanentemente congelada conocida en inglés como permafrost. Esta garantiza que el suelo siempre esté congelado, aún en temporadas cálidas. Parecería normal que ante el aumento de la temperatura ese hielo permanente pase a convertirse en fango; sin embargo, esto ya es una alarma importante.

            Debajo de la capa permanente de hielo se alojan grandes cantidades de materia orgánica. Si la temperatura se eleva y la barrera de hielo desaparece esta materia comenzaría a descomponerse y así comenzaría una emisión constante de dos gases de efecto invernadero: dióxido de carbono y metano.

            La presencia de esta capa de hielo permanente fue el motivo de una investigación en Siberia coordinada por Nikita Zimov. A 200 millas del círculo polar ártico comenzó una medición sobre la presencia de la capa permanente de hielo. En terrenos donde debería haber hielo se encontró fango y terreno húmedo. Este investigador contó a detalle su proyecto a la revista National Geographic.

Las observaciones no son definitivas

Este año se ha observado que el hielo que debería estar en el ártico está desapareciendo. Sin embargo, lo que se tiene son registros aislados sin la rigurosidad científica. Es un hecho para quienes están ahí y pueden observarlo directamente que el polo norte está cambiando; aún así, se requiere un seguimiento de larga duración.

            Los cambios en el clima son una constante en la naturaleza. En los últimos años se ha notado un aumento de la temperatura en la mayor parte del planeta que van más allá de lo que podría esperarse. Aún cuando los ciclos naturales indican que la temperatura ya debería estar disminuyendo, este año se perfila como uno de los más calientes de la historia y el deshielo polar es una de las evidencias.

            Aún no comprendemos claramente lo que pasa. Lo que es un hecho es que el planeta se calienta. Esta elevación de la temperatura va mucho más allá de lo que imaginábamos. Ese futuro excesivamente cálido en que el hielo ártico empezaría a desaparecer se adelantó casi 8 décadas y es necesario investigar a profundidad para encontrar soluciones.

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