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Larry Nittler / NASA

Un fragmento de meteorito cuenta parte de la historia del sistema solar

16-04-2019

Por: Luis Moctezuma

 

En 2002 la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio estadounidense (NASA) recolectó un meteorito que estaba en la Antártida. Se le nombró La Paz 02342. Actualmente forma parte de la colección antártica de la institución. Después de un estudio de 3 años se encontró en él algo poco común en los meteoritos.

No se sabe cuando llegó a la Tierra. Lo que sí se descubrió es que guarda información de los inicios del sistema solar, específicamente de sus afueras. Un fragmento de apenas 100 micras, la décima parte de un milímetro, tiene un origen distinto al resto del meteorito. Mientras que la mayor parte del cuerpo parece provenir del cinturón de asteroides (ubicado entre Marte y Júpiter), dentro de él viajaba un fragmento de mucho más allá, posiblemente del cinturón de Kuiper, en el borde del sistema solar.

Una historia química diferente

Los asteroides a los que estamos acostumbrados se formaron del disco protoplanetario. Su composición incluye una pequeña cantidad de carbón. A estos meteoritos comunes se les conoce como “tipo C”. Algo muy distinto ocurre con los materiales que provienen de fuera del sistema solar. Partículas de polvo interplanetario y micrometeoritos, además de cometas de la zona congelada fuera del sistema solar son ricos en este elemento, alcanzando una composición de más de 90% de carbón.

La mayor parte del meteorito encontrado por la NASA tenía una composición normal. Sin embargo, dentro de una condrita de carbonácea aparecieron los vestigios de un cometa de las afueras del sistema solar. Según parece, este fragmento que al inicio de nuestra historia estelar se unió al asteroide aprovechó a su anfitrión para sobrevivir la entrada a nuestra atmósfera.

La composición de los cometas hacen que sea muy difícil encontrarlos dentro de nuestro planeta. Buena parte de ellos es agua congelada y sustancias volátiles. Al acercarse a un entorno caliente, como las cercanías del sol o la atmósfera de la Tierra, se evaporan. Gracias a que esta pequeña fracción de cometa quedó incrustada en el asteroide logró entrar a nuestro planeta y quedarse ahí por tiempo indefinido hasta que una institución dedicada al espacio la encontrara.

La historia del cometa no es precisa pero se tienen algunos indicios. Se formó en el cinturón de Kuiper, a más de 4 mil millones de kilómetros del sol y logró viajar hacia dentro del disco protoplanetario. El momento en que se unió al asteroide debió ser cuando el sistema solar aún estaba en formación, gracias a eso logró incrustarse correctamente. Aproximadamente hace 4,560 millones de años se acercó lo suficiente para quedar dentro de su anfitrión, menciona Josep María Trigo, quien participó en el análisis del meteorito.

Entre 50 y 60 millones de años antes de la formación de nuestro planeta ese fragmento ya formaba parte de su asteroide. Posteriormente los planetas se formaron. La Tierra recibió al asteroide convertido en meteorito en algún momento de su historia. Se alojó en el suelo Antártico hasta que fue descubierto. Pasó a formar parte de la colección de la NASA. Un equipo internacional de investigadores lo analizó y tras tres años de estudio los resultados se publicaron en la revista Nature Astronomy.

Un fragmento diminuto nos ha contado un poco de la historia de nuestro vecindario estelar. Esos materiales que conocemos a distancia llegaron a nuestro planeta, en pequeñas cantidades y bajo la protección de otros cuerpos más resistentes. Un pequeño accidente hace miles de millones de años logró que aquello que vemos estallar en el cielo al paso de un cometa alcanzara el suelo antártico y posteriormente los laboratorios para contarnos un fragmento del pasado.

 

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